Reflexionemos.
Sí se puede.



La creencia general anterior era que Figuerillos no servía. La creencia general actual es que Abel no sirve. Y cuando pase el tiempo, la creencia general será que él que venga después de Abel tampoco estará sirviendo para nada. Por eso estoy empezando a sospechar que el problema no está en lo ladrón que haya sido Calderoncillo, o en lo bocón que sea Arias.

El problema está en nosotros. Nosotros como pueblo. Nosotros como materia prima de un país.

Porque pertenezco a un país donde la "viveza" es la moneda que siempre es valorada tanto o más que el dólar. Un país donde hacerse rico de la noche a la mañana es una virtud más apreciada que formar una familia a largo plazo basada en valores y respeto a los demás.

Un país donde una persona tapa la salida del garaje de una casa, y, si el afectado toca el pito para llamar la atención del abusivo y hacer que aparezca a retirar su vehículo, entonces esa persona llega, se molesta y le reclama a uno la presión y el ruido, como si el infractor fuese uno y no ellos.

Pertenezco a un país donde, lamentablemente, los periódicos jamás se podrán vender como se venden en Estados Unidos, es decir, poniendo unas cajitas en las aceras donde uno paga por un solo periódico Y SACA UN SOLO PERIÓDICO DEJANDO LOS DEMÁS DONDE ESTÁN. Porque si aquí los vendieran así, La Nación y La Extra quebrarían en tan sólo 3 meses.

Pertenezco al país donde las empresas privadas son librerías particulares de sus empleados deshonestos, que se llevan para su casa, como si tal cosa, hojas de papel, bolígrafos, carpetas, marcadores y todo lo que pueda hacer falta para la tarea de sus hijos.

Pertenezco a un país donde la gente se siente triunfal si consigue volarse el Cablecolor o Amnet del vecino, donde la gente inventa a la hora de llenar sus declaraciones de Hacienda para no pagar o pagar menos impuestos, donde a Figuerillos no le reclama ningún medio, el que esté viviendo fuera del país disfrutando de lo que robó.

Donde nuestros diputados trabajan dos días al año (y cobran todos los demás como altos ejecutivos) para aprobar una reforma (miscelánea) fiscal al vapor que lo único que hace es hundir al que no tiene, fregar al que tiene poco y beneficiar como siempre a unos cuantos que son los que tienen (ellos por ejemplo) y lo peor es que lo permitimos.

Pertenezco a un país donde las licencias de conducir y los certificados médicos se pueden "comprar", sin hacerse exámenes ni nada.

Un país donde, desde hace 40 años, un vehículo sufre más daños y sale en peor estado después que es recuperado por la policía, que cuando lo roban los ladrones. (Sin tomar en cuenta a Riteve).

Un país donde cualquier persona puede hacer una fiesta y poner música a volumen majadero toda la noche, sin que haya nadie que proteste ni autoridad alguna que les haga apagar esa música ni siquiera a las cinco de la mañana.

Un país donde puede subir a un bus, una persona de edad avanzada, o una mujer con el niño en brazos o algún minusválido y la persona que viene sentada en el asiento especial para estas personas se hace la dormida para no dárselo y si alguien le reclama se levanta pero para tirar un golpe.

Un país en el cual la prioridad de paso es para los carros porque al chofer ya se le olvidó que el también a veces es peatón.

Un país de gente que esta llena de faltas, pero que disfruta criticando a sus gobernantes, sean inútiles, o sea Miguel Angel, porque criticar a los inútiles o criticar a Alvarez Desanti, crea una ilusión psicológica que aparentemente eleva la estatura moral y espiritual del que critica.

Mientras más le digo rata a Calderón, al Dr Sánchez, a Choriceo Quesada y ahora a Lobito y su amigo Joaquín Fernández, mejor soy yo como persona, a pesar de que apenas ayer me consiguieron todas las preguntas del examen de castellano de mañana. (vean La Nación de Set 29, 2004)

Mientras más le digo falso a Ottón Solis y a Otto Guevara, mejor soy yo como tico, a pesar de que apenas esta mañana me soné a mi cliente a con cien mil pesos.

No. No. No. Ya basta.

Como materia prima de un país, tenemos muchas cosas buenas pero todavía dejamos mucho que desear. Esos defectos, esa "viveza" congénita, esa deshonestidad a pequeña escala que después crece y evoluciona hasta convertirse en casos de escándalo como en la CCSS o en el ICE (ojo con los falsos líderes sindicales); esa calidad humana que en realidad es falta y carencia de toda verdadera calidad humana, eso, más que Rafael Angel, Miguel Angel, Albino o Fabio Chaves, es lo que nos tiene real y francamente fritos.

Lo siento. Porque, aunque Abel renunciara hoy mismo, el próximo presidente que lo suceda tendrá que seguir trabajando con la misma materia prima defectuosa que, como pueblo, somos nosotros mismos.

Y no podrá hacer nada, igual que no hicieron nada los mediocres igual que no esta haciendo nada Abel, aunque por ³pura guaba² los tamales se están destapando en su administración. (Dicen por ahí que Fishman por su resentimiento, es quien anda soplando como están todos los chorizos).o será que Luisito no sabía nada???
No tengo ninguna garantía de que el gritón de Ottón o el mustio de Arias lo puedan hacer mejor. Y mientras nadie señale un camino destinado a erradicar primero los vicios que tenemos como pueblo, nadie servirá.

Ni sirvió Calderón, ni sirvió Figueres, ni sirve Abel, ni servirá el que venga. ¿O qué? Necesitamos traer a un Pinochet, para que nos haga cumplir la ley a la fuerza y por medio del terror y la dictadura? A ver si así, cumplimos y hacemos cumplir las leyes desde las más elementales hasta las de nuestra Constitución que todos la manejamos o hacemos a nuestro modo.

Aquí hace falta otra cosa. Algo más que bloqueos, o paros. Y mientras esa "otra cosa" no empiece a surgir desde abajo hacia arriba, o desde arriba hacia abajo, o del centro para los lados, o como quieran, seguiremos igualmente condenados, igualmente estancados.

Es muy sabroso ser tico, y "vivir a lo tico". Pura Vida. Pero cuando ese costarriqueñismo empieza a hacerle daño a nuestras posibilidades de desarrollo como país, ahí la cosa cambia... Lo siento. No esperemos encenderle una velita a los Santos ni al Dalai Lama, a ver si en vez de seguir esperando un Mesías, comenzamos cada uno de nosotros a ser guiados por algo o por alguien que termine convirtiéndonos a cada uno de nosotros en nuestro propio Mesías, para nosotros y para los otros. (En este caso tener cuidado con Minor).

Ojalá que cambiemos todos, porque si no, cambiar de Presidentes no cambiará nada.

Se esconde aquí el sentir y la frustración de muchos costarricenses honestos y que aman a Costa Rica. Hagamos algo, por amor a la Patria herida.

Envíado por: Anónimo

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Ing. Carlos Torres 2004
San José | Costa Rica